El mundo no habla. Sólo nosotros lo hacemos. El mundo una vez que nos hemos ajustado al programa de un lenguaje, puede hacer que sostengamos determinadas creencias.                                R. Rorty.




Nadie por ser joven vacile en filosofar, ni por hallarse viejo se fatigue de filosofar. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma.

Epicuro


¿Un mal vecino? Para sí mismo, pero para mi bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mi bueno. Esto es la varita de Hermes. Toca lo que quieres-dice-y se convertirá en oro". No, sino: "Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien".

          Epicteto.




Una filosofía que no tenga un potencial transformador y liberador no es una buena filosofía.

Es sólo apariencia de conocimiento, pero no es conocimiento real.

Una filosofía que sea una fábrica de mediocres ilustrados, y no de mejores seres humanos;

de pedantes, y no de personas veraces;

de intelectuales, y no de sabios;

de malabaristas de las palabras y las ideas, pero no de personas capacitadas para el silencio interior

y para la visión que solo este proporciona, no es filosofía esencial.

                                                                                       Mónica Cavallé, La sabiduría recobrada.

                                                                                       http://www.monicacavalle.com/

Artículo Montse Simón. El yoga de la acción.

                           EL YOGA DE LA ACCIÓN

La acción es uno de los elementos cruciales de la vida en general y de nuestra sociedad en particular. Hace años un amigo me dijo “en esta sociedad eres aquello que haces” y al pensarlo me di cuenta que había mucho de cierto en ello, ya que tendemos a responder que somos: abogados, profesoras, panaderos, estudiantes, etc., o bien, decimos nuestro nombre y enseguida contamos lo que hacemos o nos gusta hacer. Casi es inevitable conectar hoy con la incertidumbre que genera el amplio abanico de posibilidades de cosas a hacer y la creciente inestabilidad laboral. Si no tengo claro a qué me voy a dedicar en la vida ¿quién soy? ¿quién voy a ser? Sin embargo, a pesar de lo cierto de la afirmación mencionada, intuía que lo que soy no puede agotarse en lo que hago. Constataba y todavía constato que hay personas que a pesar de tener un trabajo y hacer algo que se supone que les gusta, o tener éxito social, etc. no se sienten satisfechas, “algo falla”. ¿Saber a qué me dedico y qué hago es realmente saber quién soy?

Místicos y sabios de distintas tradiciones han hecho notar que en realidad no valemos por lo que hacemos sino por lo que Somos y escribo Somos en mayúsculas porque no se trata aquí de ser alto, bajo, inteligente, tonto, médico, arquitecta, padre, madre.... sino de el hecho de Ser, desnudo de atributos. “Eres algo más que lo que haces”.

En la Bhagavad Gita, uno de los grandes textos de sabiduría de India, se pone de manifiesto la dicotomía entre la acción y la inacción. Arjuna es un gran guerrero y tiene que luchar en una batalla para hacer justicia. Antes de comenzar pretende desistir, pues no se ve capaz de luchar contra amigos y familiares . Su buen amigo Krishna (encarnación divina, aunque Arjuna todavía no lo sabe), le dará distintas enseñanzas para que comprenda por qué debe luchar. De entre estas enseñanzas destaca una acerca de la acción. Krishna le dice:

«Sólo tienes derecho a las acciones, nunca a los resultados. No te identifiques con aquel que causa los resultados de la acción ni te apegues tampoco a la inacción» (Bh. G., II.47)

En sánscrito la palabra que traducimos como “acción” es karma y karma significa tanto la “acción” como “los resultados de la acción”. Toda acción genera una consecuencia y, a menudo, realizamos acciones en aras de un resultado. Sin embargo, parte de la tradición hindú nos enseña que actuar sin apropiarnos de la acción ni de los resultados, nos libera de la carga de la identidad limitada y la atadura de las expectativas.

La propuesta de Krishna es que hagamos lo que tengamos que hacer sin apegarnos a los frutos. Esta idea de la acción por la acción cobra sentido bajo el paraguas de otro importante concepto que es el de dharma (deber, ley, moralidad, religión...).

Fuera del contexto de la Bhagavad Gita, donde la enseñanza se transmite a un noble y honrado guerrero, el mensaje puede despertar algunas cuestiones, como la posibilidad de que algún “salvador del mundo” cometa atrocidades en nombre de “su deber”, desentendiéndose de sus consecuencias. Por eso no podré insistir aquí lo suficiente en lo importante que es, antes de situarse “más allá del bien y del mal”, que la persona cultive en sí misma valores como el discernimiento entre lo que perdura y lo que es perecedero, el desapego, el respeto, la humildad, la tranquilidad, la pureza del corazón, la ecuanimidad, la confianza, la concentración, etc.

No se trata de convertir esta enseñanza en una justificación de acciones corruptas o del abandono de toda responsabilidad frente a nuestras acciones diarias. Somos responsables de nuestra acción como un actor es responsable de la interpretar de la mejor manera posible su papel en una obra.

Otra cuestión que despierta hoy esta enseñanza es la de “¿cuál se supone que es mi deber?”. Krishna le dice a Arjuna que su deber como guerreo es luchar, pero hoy en día no siempre está claro nuestro rol social: “¿cómo puedo cumplir con mi deber si ni tan solo tengo claro cuál es?”. Una opción aquí es hacer aquello que hacemos en cada momento de la mejor manera que sabemos y evitar hacer aquello que sabemos que “no debemos”. A menudo, resulta más fácil saber lo que uno “no debe” hacer que lo que uno “debe” hacer.

Continuando con la enseñanza, Krishna revela a Arjuna (Dhanañjaya) que el yoga en la acción es “ecuanimidad”:

«Oh, Dhanañjaya! Abandonando todo apego y permaneciendo íntegro ante el éxito o la derrota, ejecuta las acciones establecido en el yoga. El yoga se define como ecuanimidad». (Bh. G., II.48)

Y entonces le insta a practicarlo como “habilidad en la acción”:

«Aquel que posee una mente imparcial abandona en este mundo [la idea de] la acción buena y la mala. Con esa actitud [ecuánime] practica el yoga [en tus acciones]. Yoga es habilidad en la acción».(Bh. G., II.50)

El yoga de la acción consiste en realizar nuestro deber de forma completamente ecuánime y de la mejor manera posible. Una acción desinteresada de cualquier resultado: “bueno” o “malo”, “ganancia” o “pérdida”, “gloria” o “deshonor”.

En la actualidad a veces se reduce el karma yoga al servicio gratuito que se ofrece a un maestro o comunidad. Creo que merece la pena devolverle al término la profundidad de la que a veces lo despojamos. Con o sin retribución, se trata de cumplir con nuestro deber, desempeñar nuestro rol, nuestra acción, de la mejor manera posible, sin apegarnos a los resultados (halagos, críticas, dinero, ruina, fama...) ni a la idea de “qué buena soy” o “qué mala soy” y un sinfín de juicios.

Un propuesta práctica para forjar ese desapego es la de ofrecer a lo divino, a la Vida, a la Energía Universal, al mundo, a nuestro ser más querido...cada una de nuestras acciones. Te invito a que pruebes en los próximos días a dedicar cada una de tus aciones a un ser querido.

En próximos artículos nos centraremos más en esa enseñanza acerca de la ofrenda y el amor.