El mundo no habla. Sólo nosotros lo hacemos. El mundo una vez que nos hemos ajustado al programa de un lenguaje, puede hacer que sostengamos determinadas creencias.                                R. Rorty.




Nadie por ser joven vacile en filosofar, ni por hallarse viejo se fatigue de filosofar. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma.

Epicuro


¿Un mal vecino? Para sí mismo, pero para mi bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mi bueno. Esto es la varita de Hermes. Toca lo que quieres-dice-y se convertirá en oro". No, sino: "Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien".

          Epicteto.




Una filosofía que no tenga un potencial transformador y liberador no es una buena filosofía.

Es sólo apariencia de conocimiento, pero no es conocimiento real.

Una filosofía que sea una fábrica de mediocres ilustrados, y no de mejores seres humanos;

de pedantes, y no de personas veraces;

de intelectuales, y no de sabios;

de malabaristas de las palabras y las ideas, pero no de personas capacitadas para el silencio interior

y para la visión que solo este proporciona, no es filosofía esencial.

                                                                                       Mónica Cavallé, La sabiduría recobrada.

                                                                                       http://www.monicacavalle.com/

El yoga como filosofía sapiencial.

El yoga cómo filosofía sapiencial.

Texto: Nale.

Lo que llamamos filosofía sapiencial o práctica, además de hacer referencia a la concepción original de la filosofía cómo amor (philo) a la sabiduría (sophia), reafirma la idea que Huxley llamó filosofía perenne, mostrando ciertas ideas imperecederas en diferentes culturas de la historia de la humanidad.

El filósofo P. Hadot, sintetizó ese estado, que podemos llamar sapiencial, en tres experiencias clave: paz interior, independencia interior y consciencia cósmica. Si nos detenemos un momento a reflexionar sobre un ser humano que para nosotros represente la sabiduría, creo que podremos observar, que ha logrado un alto desarrollo de esos tres estados experienciales.

El filósofo, en cuanto amante de, es alguien que se entrega a la búsqueda de la sabiduría, es decir, a la búsqueda desinteresada de la Verdad. El objetivo es la ampliación de la capacidad de comprensión. Desde allí, es fácil entender que la filosofía no es tan sólo teórica, sino que es necesariamente práctica y transformadora. No es plausible ir ampliando la capacidad de discernimiento y comprensión, sin irse transformando uno mismo.

El yoga es una filosofía que aporta muchísimos ejercicios, técnicas o mapas, para lograr las experiencias que hemos mencionado e ir ampliando así nuestra consciencia. La paz , la claridad mental y la independencia interior o desapego, se van desarrollando al unísono desde la madurez espiritual que aporta el autoconocimiento y el asumir las responsabilidades pertinentes en la interpretación/construcción de nuestra “realidad”. La consciencia cósmica o estado adual de consciencia, es la capacidad de comprensión ampliada al máximo y convertida en experencia, es el fruto del desarrollo de la aceptación-amor-comprensión sostenida y puede llevar al estado de fusión con la realidad propia de los místicos.

Quizá para continuar reflexionando sobre yoga y filosofía, sería interesante diferenciar entre escuelas/linajes/interpretaciones de yoga contemporáneo, sendas del yoga y filosofías del yoga. Sin embargo, dicha diferenciación, me obligaría a extenderme debido a algunos usos ilegítimos de la palabra yoga, en simulacros de técnicas yóguicas malinterpretadas con actitudes/aptitudes opuestas e incompatibles con la idea de filosofía en general.Y es que los filósofos siempre iniciaron el trayecto hacia el interior y no buscaron la fuente de la felicidad fuera: éxito, fama, belleza, riqueza o cualquier elemento de plusvalía de poder cómo un fin en sí mismo y sin asumir la responsabilidad humana que éste implica. Tampoco en el desarrollo de su autonomía suelen ser representantes de dogmas, tópicos o convenciones del mundo de la apariencia. Ni es tampoco plausible el desarrollo de la paz interior sin una coherencia ética basada en la comprensión profunda. Tales ideas están profundamente enraizadas y desarrolladas en las que podemos considerar filosofías del yoga. En fin, ese filósofo y/o yogui que todos llevamos dentro, aprende a discriminar lo que no le conduce a trascender su propia ignorancia y ampliar su comprensión de la realidad. Y gracias a todos los antecesores que desarrollaron dicha labor, cuenta con muchos mapas, técnicas y recursos para ello. No todos ellos son cognitivos.

Por eso añadiría que el yoga es una filosofía especialmente interesante en nuestra época, dado que tiene muchísimas técnicas que no utilizan la vía reflexiva y que van a facilitar el desarrollo del estado contemplativo.

Delimitando, sin entrar en consideraciones de estilos, al ámbito general del Hatha yoga, podemos ver que inicia sus prácticas en técnicas de control respiratorio, que afectan a todo el organismo y, sobretodo, al sistema nervioso, dado que el aparato respiratorio es el único sistema que podemos controlar de manera autónoma. Es decir, aprendemos a dirigir mentalmente la respiración para aprender a dirigir nuestra mente.

El pranayama, una vez aprendemos a calmar el sistema nervioso, nos prepara para la meditación a través de las asanas, cuya prioridad, sea desde un foco de atención u otro según el estilo, es pratyahara, conectar directamente con la experiencia fisiológica interna. Al entrenarnos en desarrollar dicha actividad, activamos las capacidades de autoobservación, aceptación plena y autoconocimiento, más propias del hemisferio derecho. Es decir, accedemos a las experiencias fisiológicas internas directamente sin pasarlas por el filtro de la mente analítica. De ahí, su elemento esencialmente equilibrante en una cultura de sobreexceso de información y de estres, que prioriza la actividad del hemisferio cerebral izquierdo: lógica, racional, verbal, resolutora de problemas y enfocada hacia la acción.

En la anatomía energética de yoga, el término Ha, sol, la polaridad masculina de nuestro organismo, hace referencia hacia el hemisferio izquierdo, actividad dirigida hacia el control del mundo externo para preservar nuestro organismo. Tha,luna, la polaridad femenina, hacia el hemisferio derecho, actividad dirigida hacia la contemplación interior y experiencias internas cómo la paz o el amor bondadoso. Obviamente, la finalidad, cómo el de todas las filosofías enfocadas hacia la sabiduría, es el equilibrio hemisférico. Ese “hombre y mujer a la vez simbólico”, que se atribuyó a algunos sabios, señalando al equilibrio entre la energía femenina y masculina. Dicho equilibrio expresado en los términos Hatha (yin-yang en el taoismo o tantrismo chino), hace referencia al ser humano encarnado en equilibrio entre lo mundano y lo espiritual, un ser consciente de la la finitud de la tierra bajo sus pies y la inmensidad del universo sobre su cabeza. Tierra y Cielo. En fin, lo que representa la unión de Shiva-Shakti: la unión de energía vital y consciencia. Desde aquí, podemos ver que el yoga es una filosofía que nos orienta hacia una vida consciente.

Y desde la consciencia de que la incomprensión son nuestros propios límites, hacia una comprensión, equilibrada, conectando ambos hemisferios, una comprensión no tan sólo conceptual, sino experencial y autoconsciente, no tan sólo ideal, sino real y sentida, intentando vivir en coherencia entre nuestro mundo interno y nuestro mundo externo, atentos a sostener la disposición vital hacia la constante transformación y aprendizage. Asumiendo el compromiso con la veracidad y la disolución de autoengaños. Sabiendo que el primer paso hacia la sabiduría es la autenticidad. Y desde allí hacia la aceptación-amor-comprensión.

Quizá, empezar el año con suavidad y disposición, para lentamente, ir profundizando, no sea un mal planteamiento. Quizá, entonces, la propuesta sea afrontar la evolución de esa capacidad cultural de adaptar cualquier filosofía a las propias necesidades e intereses . Es más, propondría reflexionar sobre el “miedo a la crítica” en el mundo del yoga y del “fast food existencial”. Entre otras delicatessen, ese miedo a no ser políticamente correcto o parecer espiritualmente bueno que, sin duda, ha facilitado el panorama del yoga contemporáneo. Incluso a intentar comprender que cierto temor ético hacia la crítica depende más de las emociones que subyacen y la motivan, que del hecho en sí mismo. Todos comprendemos que hay críticas motivadas por el amor desinteresado a la verdad y críticas que no se dirigen al objeto o persona, si no que sirven para activar la capacidad de discernimiento de otros. Desde aquí, conocimiento, criterios, sentimientos, valores, es decir, interpretaciones u opiniones más o menos justificadas, con más o menos falacias, con más o menos ciertos tipos de experiencia, con mejores o peores sentimientos... hacia una ardua oportunidad para trabajarse la consciencia testigo respecto a estas cuestiones, para comprender las defensas, posicionamientos y autoengaños propios de la naturaleza humana y desarrollar una mayor comprensión y ecuanimidad. Aunque dicho trabajo interno, finalmente nos lleve a considerar que la acción es justa y necesaria. Mientras, además de manifestar mi profundo respeto y agradecimiento hacia algún valiente que ha trabajado casi en solitario, me lo sigo pensando...

Nos deseo una vida más consciente a todos este año. Sat Cit Ananda!