El mundo no habla. Sólo nosotros lo hacemos. El mundo una vez que nos hemos ajustado al programa de un lenguaje, puede hacer que sostengamos determinadas creencias.                                R. Rorty.




Nadie por ser joven vacile en filosofar, ni por hallarse viejo se fatigue de filosofar. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma.

Epicuro


¿Un mal vecino? Para sí mismo, pero para mi bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mi bueno. Esto es la varita de Hermes. Toca lo que quieres-dice-y se convertirá en oro". No, sino: "Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien".

          Epicteto.




Una filosofía que no tenga un potencial transformador y liberador no es una buena filosofía.

Es sólo apariencia de conocimiento, pero no es conocimiento real.

Una filosofía que sea una fábrica de mediocres ilustrados, y no de mejores seres humanos;

de pedantes, y no de personas veraces;

de intelectuales, y no de sabios;

de malabaristas de las palabras y las ideas, pero no de personas capacitadas para el silencio interior

y para la visión que solo este proporciona, no es filosofía esencial.

                                                                                       Mónica Cavallé, La sabiduría recobrada.

                                                                                       http://www.monicacavalle.com/

Artículo Shiva.

Texto: Montse Simón.


Efectivamente, la India ha representado lo divino a través de multitud de símbolos que en muchos casos han tomado formas antropomórficas. Hay quienes han visto o ven en lo que se ha llamado hinduismo una forma de politeísmo, es decir, la creencia en muchos dioses distintos. Sin embargo, la mayoría de los hindúes coinciden en señalar que no se trata de distintos dioses sino distintas representaciones de Dios o de la Conciencia Absoluta. Cada divinidad muestra un aspecto de la energía de Vida que nos sostiene: unas divinidades encarnan la creación, otras la preservación, la destrucción, la cultura, la humildad, el servicio, la fortaleza, la expansión, la salud, la prosperidad, la claridad mental, el amor incondicional, la fe… Hay divinidades que son encarnaciones (avatares) de otra divinidad principal y hay representaciones que simbolizan distintos aspectos de una misma divinidad.

En el caso de Śiva nos encontramos precisamente con distintas representaciones suyas que simbolizan su energía creadora, protectora y destructora. Una de estas representaciones de Śiva es la de Mahāyogī, el arquetipo del yogui por excelencia. Aparece sentado sobre una piel de tigre en la postura del loto (padmāsana) o la postura perfecta (siddhāsana), frente al monte Kailash, que también es venerado como símbolo de esta divinidad. A menudo con una de sus manos hace un gesto de protección, abhayamudrā, que significa “sin miedo” y por lo tanto aleja todo aquello que pueda causarnos miedo o hacernos daño. Esta divinidad aparece acompañada de muchos otros símbolos como son el tridente, el río Ganges naciendo de su melena, la luna creciente, el tambor llamado damaru, un recipiente para el agua (kamaṇḍalu), una serpiente alrededor de su cuello, malas (tipo de rosario) hechos de una semilla llamada rudrākṣa, el cuerpo repleto de cenizas…
Casi todos estos símbolos que hemos mencionado tienen que ver con el aspecto ascético y la devoción hacia esta forma de la divinidad ayuda a fomentar esa energía en nosotros mismos. No vamos a comentar aquí el significado de cada símbolo ya que nos extenderíamos mucho.

Baste con hacer una lectura general de este arquetipo ascético.

Cuando nos sentamos a meditar lo hacemos en la misma postura y con los ojos cerrados o entreabiertos, como es el caso de la mayoría de imágenes en las que aparece Śiva como yogui. Esta representación viene a mostrar que la tradición ascética, estrechamente vinculada con las prácticas de yoga, se basa en una enseñanza eterna, que tiene un fundamento divino. Muestra una forma de vida, que recuerda a la de aquellos que decidían abandonar la vida social para dedicarse exclusivamente a la meditación y perfeccionar el control sobre la naturaleza del cuerpo y de la mente, en los bosques, las montañas y las cuevas, aisladas de toda distracción.

Hoy en día el yoga ha traspasado todas las fronteras y se practica alrededor del mundo, contando con una gran variedad de estilos. En algún momento del hilo temporal, el yoga dejó de ser una práctica exclusiva de los ascetas para integrarse en la vida de personas que tenían familia y trabajo. Y aun así, el arquetipo del gran yogui sigue ejerciendo su poder ya que la renuncia y el control no tienen por qué limitarse a algo externo sino que es ante todo una cuestión de actitud interna. Hay quienes aparentemente lo puedan haber abandonado todo y se sienten largos períodos en actitud meditativa, pero si su mente sigue apegada a objetos y deseos, tal como señala la Bhagavad Gītā, serían unos hipócritas. En cambio, es posible que uno lleve una vida aparentemente muy normal, realizando las acciones pertinentes a su trabajo o labor en la familia y la sociedad, y que se mantenga ecuánime, en su centro, con la mente concentrada en el Ser eterno que da vida a todo cuanto existe, desapegado de todo cuanto va y viene en su vida.

Śiva como gran yogui es una figura de fuerza interior, de desapego y concentración de la mente, que nos invita a contentarnos, ¡que no resignarnos!, con poco, a vivir de forma sencilla forjando en nuestro interior el poder de la meditación que conduce al reconocimiento de nuestra verdadera esencia divina, presente en el corazón de todos los seres.

En su representación como yogui, aparece con el tercer ojo (tryambakam) que señala el punto energético de la sabiduría, el conocimiento que gobierna el individuo y el universo entero. Esta sabiduría nos lleva a reconocer nuestra verdadera naturaleza y nos conduce así de la muerte a la inmortalidad.

Śiva, más allá de las formas en las que aparece, simboliza también la Realidad última y nos muestra el Silencio, la Conciencia Absoluta y libre que es la energía que sostiene todo cuanto existe y que no es distinta de nuestro ser.