El mundo no habla. Sólo nosotros lo hacemos. El mundo una vez que nos hemos ajustado al programa de un lenguaje, puede hacer que sostengamos determinadas creencias.                                R. Rorty.




Nadie por ser joven vacile en filosofar, ni por hallarse viejo se fatigue de filosofar. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma.

Epicuro


¿Un mal vecino? Para sí mismo, pero para mi bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mi bueno. Esto es la varita de Hermes. Toca lo que quieres-dice-y se convertirá en oro". No, sino: "Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien".

          Epicteto.




Una filosofía que no tenga un potencial transformador y liberador no es una buena filosofía.

Es sólo apariencia de conocimiento, pero no es conocimiento real.

Una filosofía que sea una fábrica de mediocres ilustrados, y no de mejores seres humanos;

de pedantes, y no de personas veraces;

de intelectuales, y no de sabios;

de malabaristas de las palabras y las ideas, pero no de personas capacitadas para el silencio interior

y para la visión que solo este proporciona, no es filosofía esencial.

                                                                                       Mónica Cavallé, La sabiduría recobrada.

                                                                                       http://www.monicacavalle.com/

Deseo propio u ajeno.



Texto: Martha Zein y Nale.


Al proponer una experiencia de autoindagacíón a través del cuerpo, arte y palabra, nos inspiramos en el trabajo que desarrollaba Martha con Eros. “Habitar el Paraíso” surgió, entonces, como una manera activa de reflexionar sobre cómo contamos y nos contamos el amor en sus múltiples manifestaciones. Quizá porque nos resulta sencillo ver que vivimos en una sociedad movida excitadamente en determinada dirección, aparentemente por Eros.

Si pensamos el Eros socrático, el deseo, hijo de Penia (la indigencia, el hambre insaciable, la carencia) y de Poros (el recurso, el exceso) podríamos haber hecho una de esas espléndidas críticas que en los tiempos actuales sirven para vender algo. Pero se nos habría olvidado que Eros se enamoraba de Psiquè, el alma, es decir, que en su condición de semidios humano que renace constantemente de sus propias cenizas, es posible que lograra ver más allá de la apariencia.

Quizá su condición de renegado le ha hecho siempre presente, ya sea con sus flechas y las irresponsabilidades del corazón humano, con sus burlas a la voluntad y su capacidad para romper órdenes y reglas, o con ese prejuicio de banalidad que no sabemos si de tanto reprimirlo controla el mundo y gran parte del inconsciente: “lo que se resiste, persiste”. Hay en los Pathos (palabra griega que se refiere a exceso y de lo que surge lo patológico como equidistante a la vía del medio sapiencial) el rostro extremo de la represión disfrazada. Podemos ver que la exacerbación cultural del deseo lleva tanto al hastío como a su insaciabilidad, incluso que se convierte en icono y en concepto para alejarlo de lo real, cómo si hubiera algún mecanismo en la cultura para negar o invalidar los actos que no controla. Y para eso nada mejor que mantenernos ansiosos. Para saciarnos de lo que la cultura nos ofrece. Cuanto más excitados más ciegos. Por eso nos propone perseguir hasta la extenuación todo lo que no necesitamos, para que no podamos desviarnos del camino planificado, ni tan siquiera lamentarnos del propio autoengaño o de permitir que agoten nuestro discernimiento.

Fue así que empezamos a desear de forma consciente y abrazada, desear con la razón y con las ganas, desear sin más planes que hacerlo desde el convencimiento más auténtico: delatar la manipulación del Deseo y dejar que ese mismo anhelo nos interpelara. De este modo, el deseo frustrado e inducido que los seres humanos ni siquiera logramos hacer nuestro y la consecuente ira o miedo a la frustración, elucidarían sus sombras y podrían jugar a otro juego.

“El Ser es un niño que juega” inspiraba nuestra propuesta de jugar con los límites de lo banal, lo vital banalizado y las formas de la represión y el prejuicio desde la presencia más absoluta e integral, con los sentidos, las emociones, las fantasías, la imaginación, los sueños, los pensamientos… De este modo podríamos desenmascarar la represión y el prejuicio, a las que consideramos tentaciones de las falsas carencias, sus disfraces y sus excesos.

Optamos, pues, por incluir en Eros todos los vínculos que nos unen con la vida y que experimentamos con el cuerpo, la mente y las emociones, enlazándonos también con saberes ancestrales, como la sabiduría tántrica del yoga, capaz de atravesar estos límites, creando nuevos vínculos.
Propusimos un encuentro poniendo énfasis en el centro energético Swadisthana, disfrutando de fluir y disolvernos en el elemento agua, en las emociones cómo experiencias que surgen de la atracción al placer y la aversión al dolor, elucidando inconsciente, conectando con la capacidad de saborear sueños y otros ensueños o realidades. Pero, sobretodo, la energía para crearlas sin creérselas demasiado. Acción pura. Apasionada y sin pretensiones. Desidentificada de éxitos y de fracasos. El que juega y sabe que juega, no se identifica con el juego y puede jugar a un juego desapegado.

Swadisthana se considera también el centro del cariño y la ternura, la energía que nos impulsa a cuidar de nosotros mismos, de los demás y a disfrutar dando y recibiendo placer. Rige de la sensualidad y el arte de saber saborear y disfrutar de los frutos del jardín de la vida. De esta manera, Eros tomaba asiento en las emociones cómo mecanismo fisiológico de nuestra naturaleza basado en atracción hacia el placer y aversión al dolor para preservar la Vida. Sumábamos y recalcábamos su evolución hacia el equilibrio emocional y la ecuanimidad. Comprendiendo que en su desarrollo es necesario aprender a desbloquear programas sociales/culturales que nos impiden sentir dichas sensaciones fisiológicas, manteniéndonos desconectados de las manifestaciones de nuestra naturaleza y, por ende, de la autenticidad experiencial de las dimensiones que desarrollarán el "sentir".

Cuando fluye la energía en este centro energético, somos capaces de saborear todo lo que nos da la la vida y nuestros principios masculino y femenino se fusionan en ese centro para culminar en el sexto centro energético o Ajna, expresando el equilibrio entre el mundo externo e interno que manifiesta Viveka o discernimiento intuitivo. La fusión equilibrada de ambas energías que en el yoga se expresa cómo Ha Tha, es el germen de nuestros potenciales de plenitud. Dicha consciencia nos permitirá relacionarnos sin dependencias/carencias, con el deseo y el amor. Este encuentro con nuestro ser, facilita que nuestros pensamientos se desarrollen de manera más saludable y que su expresión encuentre caminos cargados de autenticidad. Narrar se convierte así en algo más que un acto de comunicación, es un acto integral que nos vincula creativamente con el entorno como parte de los intercambios de información necesarios para la vida. Decir se vuelve aliento informado y una imagen puede hacer visible lo invisible…  Es así como narrar se convierte en acto, pura acción. Al ser expresado, Eros deja de habitar en nuestro interior para convertirse en puente, acto primordial y vibrante, vital e informado, generador de realidades, adquiere forma y sentido.

Esta experiencia individual y privada tiene un espacio de representación en un cuaderno. En él la experiencia y reflexión sobre Eros puede manifestarse no sólo con la palabra sino con técnicas artísticas que permitirán dibujar los deseos, hacer collages con los sueños, coser las ganas, cortar palabras de amor...  El cuaderno, por su condición íntima, por su categoría sensual, porque termina expresando el imaginario erótico de manera transversal y divertida, tiene un nombre propio: "Cuaderno de almohada".